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August 11 PesaresCuando oculto mis pesares
tras una conversación baladí, ¿a quién defraudo?: ¿al que me quiere, al que me habla?, ¿soy yo mismo el defraudado?... Incapaz de parir esta desgracia
-que me mina y me corroe- la oculto tras las sombras, disimulo. Y me sumo al torbellino del engaño, del engaño cruel, el de uno mismo. Dibujo una sonrisa, helada, y continúo absorto en la vorágine que yo mismo he provocado y en la que, hoy, no siento. He perdido otro trozo de mí mismo. falta poco, lo presiento -certero y augur presagio- para ser mariposa de alas secas, curiosidad de crueldades infantiles que provoca admiración en la estulticia del profano y araña, hondo, en el alma del poeta. ¿Qué haré yo?El amor es la mejor de las palabras.
El odio, el mayor de los silencios.
¿Qué haré yo cuando tú calles? MetamorfosisBesos que giran Mariposas posadas Capullos de seda, eclosión de besos. Mariposas y besos Mariposas sonoras, suaves, que rozan los labios... August 03 PalabrasAugust 01 AntinomiaEs nacer la condena inexorable
un imborrable estigma
un pecado original.
Es la vida su pasillo, Es cada niño un nuevo reo No temo a los largos dedos de la Parca. No temo a Caronte. Prefiero morir a ya estar muerto. Quiero hoy volar hacia el sol... Es mi catarsis la que canta Ego versus yo. Sólo me resta esperar July 30 SilenciosSufro tus silencios con los míos.
No el silencio del amor, no el del agua, sufro el silencio de la ira, el de la lágrima... el silencio de la rabia desatada, el que está a punto de romperse. El silencio del odio y la venganza. Sufro más tu silencio que mi muerte,
cuerda tensa que amenaza con robarme los sonidos, con parar la música de la mañana. Sufro con paciencia el desamor
de ese nutrido silencio de rencores, de promesas incumplidas... ¡Sufro tanto tu silencios! Aún más hieren tus palabras. July 28 SueñosA veces sueño.
A veces sueño contigo. A veces sueño que sueñas conmigo. A veces sueño que soñamos. Sueño y despierto en otro sueño.
Sueño para seguir soñando. Me desvelo entre sueños para soñar... Sueño soñar tus sueños
y anudarlos con los míos. Sueño que vuelan juntos ala con ala, sueño con sueño. Sueño durmiendo,
en la vigilia, y en el dulce duermevela antesala de los sueños... Me sueño a mí mismo.
te sueño a ti, sueño que estoy soñando. Sueño que vivo,
vivo en un sueño. ¡Soñar, para seguir viviendo! ¡Vivir, para poder seguir soñando! July 21 QuererteEs fácil quererte.
Sólo hay que bucear en tus ojos de agua y beberse, hasta el fondo tu mirada. Es más fácil quererte en la tristeza.
Sólo hay que regar tus lágrimas para ver manar las mías, para ver crecer tu alma. Es fácil quererte esperando que disipe las dudas el viento blando de la alborada. July 17 VersosVersos, versos en mi probreza. Sólo eso puedo daros. Versos plenos de palabras, palabras que riman versos de la sombra de la nada. Vesos prístinos, sutiles... los primeros de su casta. Versos fieros, aguerridos, que batallan los poemas, que cabalgan por los dramas. Heridos versos por la mano del soberbio que dejó su pluma abandonada. Versos, versos, siempre versos... que vuelan a ras del agua. July 16 RecuerdosAyer, en esa entretenida tarea a la que nos sometemos de vez en cuando, limpiar, encontré en mi despacho una vieja carpeta. Al abrirla, surgieron de ella las cosas más peregrinas: mi vetusta cartilla militar. una especia de diploma en el que se aseguraba que era radioaficionado (la foto era lo mejor) y cuatro papeles amarillentos, ajados por la edad que, no sé por qué extraña circunstancia guardaría allí hace... casi treinta años.
En uno de ellos, repleto de tachaduras, tremendamente emborronado, con una letra ilegible y con una molesta tendencia a deshacerse encontré escrito esto:
Bajan cuatro gitanos de la montaña
negros corceles espuma blanca. Vienen de Sierra Morena
empuñando sus facas ¡sed de venganza! Se esconde la luna, asustada
se cierne la noche sobre sus almas. Buscan a Quique Navarro
que dejó preñada a la menor de las hermanas. Quique cabalga veloz,
no hace más que ir a buscarla, va rompiendo la dehesa sobre su yegua de nácar. La luna lo está ayudando
y le ilumina el camino con su carita de plata. Se hace verde la dehesa
bajo sus rayos de alba, rompe Quique cada charco en mil reflejos de agua. --------------------------
Han llegado los gitanos,
han sacado sus navajas ¡noche llena de sangre! Quique yace malherido sobre montones de pajas. Se quedó muda la noche
ávida de madrugada. ¡Era yo, con veinte años... -se me escapó ayer una lágrima-! July 11 VozEmergió su voz como cristal
rasgando el agua, -convirtió su voz en trinos, música en sus palabras-. Incendió el fuego, rompió mi alma. ¡qué dolor que mi silencio no lograra conquistarla, atraparla, retenerla...! Se me escapó su voz en la mañana. July 05 El vientoLuz azul en su mirada
y la paz... después del viento, del viento de bolina, el implacable. Estupor de naves marineras,
congojo de recios corazones. Tenaz, intenso viento que desgarra las velas de mi alma para dejar al pairo mis miserias, mi vida y mi sustancia. Tormenta desatada. Tras de ti, bestia feroz, el azul de su mirada y la paz, detrás del viento. June 24 San JuanLívida noche de San Juan
truenos lejanos, cielo gris.
Murmullos de tormentas,
presagios de lluvia en los cristales.
Volar restrero de las aves,
silencio veraniego de chicharras.
Preñez de nuevos avatares inquietantes..
Y yo, solo.
Impaciente de amor,
de tu presencia.
Ahíto de tu ausencia programada
de tu charla anhelada,
de tu nada.
June 16 Me das el marYo, que soy andar, me anclé al azul de tu mirar sintiendo paz. Me das el mar con tu mirada. Me acuna el mar y sé que tú alejarás con la pausada luz de tu mirar todo mi mal. Me das el mar con tu mirada. Me acuna el mar de tu mirar. En las suaves aguas de tu mar me perderé, seré un mal pirata, tus tesoros guardaré. Uh, por tu amor. Uh, por mi bien. Me das el mar con tu mirada. Me acuna el mar de tu mirar. Yo, que poco fui, antes de ser por ti estela y sal, nave y lugar. Me das el mar con tu mirada. Me acuna el mar de tu mirar. June 14 La dehesa Hace años, muchos, antes de que estas canas indiscretas, banderas de la edad, se hubieran aposentado en mis sienes, en una época postadolescente traviesa y atrevida, tonteaba yo con una amiga con tremendas pretensiones de Romeo.
Si bien no era del todo correspondido no era, al menos, rechazado. Lo cierto es que disfrutábamos, con estos juegos, de los pequeños placeres que estaban a nuestro alcance y que se nos antojaban, entonces, poco menos que vasos de ambrosía o escalones que subían a nuestro particular Olimpo. El juego tenía mucho de sorpresa. Procurábamos sorprendernos, la una al otro, el otro a la una, a diario, a menudo, casi siempre... Otra manera de inventar el amor. Por no divagar diré que la chica era una “chica bien”, de honrada y prestigiosa familia, origen noble, acomodada, con unos padres exquisitos y mayores, que a fuerza de criar hijos se habían vuelto permisivos y pacientes. O sea que hacía, más o menos, lo que le daba la gana. Lo cierto es que nos aprovechábamos de esta circunstancia y de la mía propia. Yo también solía hacer lo que me daba la gana. No por las mismas razones que ella, sino por rebeldía. Mis padres ya se habían cansado de reñir conmigo y consentían, a su pesar, mis ausencias y desmanes. La familia de ella tenía, y tiene, una enorme finca ganadera. Profusamente poblada de encinas y alcornoques, algo de monte bajo, jaras y retamas, y zonas de labor. En una punta, un magnífico cortijo de corte principesco: nave central con alas, torreón en un extremo, caballerizas al fondo, su pozo y su piscina. Allí nos refugiábamos cada vez que podíamos. En cuanto teníamos la certeza de que no había nadie y de que nadie iba a ir, organizábamos una excursión de dos que nos permitiera pasar más tiempo juntos, ella por probar, por decidirse, y yo atrapado y feliz en sus encantos. Disfruté como nadie de la finca. Adoro el campo y ella conocía la finca como la palma de su mano: el rincón del agua, la alameda, la encina gorda... paseos interminables, cogidos de la mano, del amanecer al ocaso, hacían crecer nuestra complicidad, nuestro deseo de estar juntos, abriendo cada vez más, como se abre una granada, nuestros corazones. Me llevó a ver el dolmen. Perdido, en medio de la finca, difícil de encontrar. En la ladera inmediata a la cima de una pequeña loma se erguían, orgullosas, indemnes al tiempo, aquellas piedras apiladas. Un círculo abierto en uno de sus extremos y, en su interior, pequeño y discreto, el dolmen. ¿Quién erigió aquello?. La abertura del círculo estaba orientada al sol naciente. Sentarse y esperar al amanecer fue todo un espectáculo. Estaba, como digo, en pleno bosque. Rodeado de arboleda por todos sitios menos por uno, por el este. Al nacer el sol y coronar la cima de la pequeña loma sus rayos incidían, poco a poco y cada vez más, sobre el conjunto. Un festival de rojos y naranjas se colaba por cada rendija de la piedra, chocaba con el cuarzo del granito y se escindía en millares de tonos azules, verdes y violetas. Nos sorprendió la mediodía durmiendo, abrazados, castos, como gemelos de una única placenta. Al día siguiente, muy de madrugada, me dice: - Llévame a la encina gorda. - Tú conoces mejor que yo el camino. Es noche cerrada. No sabré llegar. - Llévame... Era la prueba de fuego. Mi mirada atravesó la suya y descubrí tras su frágil apariencia una fuerza desconocida, una enorme fortaleza, una seguridad inusitada... Su imagen había cambiado. Era parte del campo, una encina más o una brizna de hierba... No me hubiera extrañado, en aquel instante, verla desaparecer montada en una escoba. Atónito, indeciso, sólo me dio tiempo a pensar: noche cerrada, hay quince minutos a pie hasta la encina gorda, haré el ridículo y acabaré perdido por el campo, sin contar con que el destino me puede jugar una mala pasada... Pero ¡ay!, el ímpetu de un enamorado es atrevido, temerario... me levanté del sillón en el que estaba y exclamé, con voz engolada: - Vamos. Abandonamos el calor del cortijo. La noche estaba fría, pero ubérrima, preñada de sueños. La luna rasgaba la oscuridad con sus rayos de plata, su cara de pan sonriente hizo crecer mi ánimo. Miles de hormigas de nácar titilaban, orgullosas, sobre el lienzo negro del teatro. Un céfiro blando mecía las hojas de los árboles arrancándoles un suave murmullo que me inquietaba. Eché a andar, pasé la cancilla (hasta aquí hemos llegado). Desorientado, intento hallar el camino, un camino que desconozco, que ignoro... Hablan las encinas. No las oigo, pero hablan. Las siento poco a poco. ¿Existen los Ents?. Un tremendo escalofrío, que no cesa, me recorre todo el cuerpo; ¡me están guiando!. Nuevo estremecimiento; un ruido de alas batiéndose, rompe el silencio. Tengo miedo. Es un cárabo, ha cruzado a escasos metros de mí de encina a encina, hacia el oeste. Sin saber muy bien por qué, lo sigo, pero estoy muy turbado, nervioso y... perdido. Ella viene tras de mí sin decir nada. La miro de vez en cuando pidiendo ayuda, suplicando en el silencio... sólo encuentro su mirada felina cada vez más fundida con la noche. Por fin, desesperado y errabundo, decido poner fin a la locura: - C... ya no ando más. No sé dónde estoy, lo confieso. - Date la vuelta. Lo hice y, al girarme, la encina gorda estaba allí. Me había detenido, exactamente, delante de ella cuando tomé la decisión de parar. Nos tomamos de las manos, nos fundimos en un beso (que no sé cuánto duró) y después... amanecimos lentamente al pie de la encina gorda. SoledadSoledad.
Ausencia feroz
de dientes afilados
que muerde los sentidos.
Isla en medio de la nada,
de la noche negra,
profunda...
Noche -sin tí-
estéril y yerma.
inconclusa.
vácía.
muerta. June 06 RecuerdosRecordar es evocar al pasado.
Vivir es crecer en el presente.
Soñar es ser padre del futuro.
Compartir el pasado es vivir de los recuerdos.
Compartir el presente es una aventura incierta.
Compartir el futuro es soñar juntos.
Compartir todo es la experiencia de dos almas
conscientes de su experiencia, su cariño y su esperanza. |
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